Castillo Unanue: la memoria entre sus muros

Al escuchar el apellido Unanue, nuestra mente nos conduce a un gran personaje de la historia peruana. Sin embargo, este nombre también nos lleva hacia una construcción que guarda sus propias historias: el Castillo Unanue, en San Vicente de Cañete.

A lo lejos se divisa su fachada azul y sus estructuras puntiagudas. Parece un castillo. Sus formas despiertan la curiosidad y nos hacen preguntar: ¿qué hace una construcción como esta en el paisaje costero de Cañete?

Una casa hacienda en San Vicente de Cañete

Conocido también como Casa Hacienda Unanue, el edificio formó parte de una hacienda azucarera. Su historia está vinculada con José Unanue, hijo de Hipólito Unanue.

Según el Inventario de Recursos Turísticos de MINCETUR, José inició su construcción en 1843 y la edificación concluyó en 1900. Fueron décadas de trabajo para dar forma a una casa cuya apariencia todavía invita a detenerse y observar.

El mismo inventario describe su arquitectura como ecléctica, con influencia del gótico francés. A primera vista, sus arcos y detalles también me hacen pensar en formas moriscas: una impresión que acompaña el recorrido, más allá de su clasificación arquitectónica.

La arquitectura y las huellas del tiempo

Si ponemos atención a los materiales, aparecen las huellas del paso del tiempo. Durante el recorrido, las rejas muestran oxidación; la arena cubre superficies y, donde antes hubo vitrales, quedan espacios ocupados por las sombras. Los pisos y escalones de mármol presentan manchas y cambios de color.

¿Se imaginan qué tan asombroso fue este lugar?

Los relieves juegan con nuestra vista. Su volumen les da profundidad, como si las figuras quisieran desprenderse de las paredes. Las columnas parecen tocar el cielo y los arcos prolongan la decoración entre ellas.

Todo esto encierra algo más grande. Las habitaciones interconectadas, las flores, las enredaderas y los colores de su decoración nos invitan a imaginar la antigua elegancia de la casa. El atardecer sobre los cultivos completa esa evocación: una imagen que nos acerca a lo que pudo sentirse al habitar estos espacios.

Los relatos sobre sus túneles

Mientras seguimos indagando y dejamos que el monumento envuelva nuestros sentidos, unas escaleras nos llevan al subsuelo.

Allí encontramos espacios subterráneos que alimentan distintos relatos. Se dice que los túneles conectaban con las haciendas Montalván y Arona y con la playa Cochahuasi. También circulan historias sobre celdas ocultas y personas que habrían utilizado esos pasos para escapar.

Son relatos que acompañan al castillo, pero las conexiones y los usos mencionados necesitan respaldo documental. La presencia de un pasadizo no confirma por sí sola hasta dónde llegaba ni para qué se utilizó.

Un monumento que necesita conservación

El Castillo Unanue fue reconocido como Monumento Histórico Nacional en 1972. Su importancia histórica y arquitectónica hace necesario prestar atención a su conservación y difusión.

Las huellas observadas durante el recorrido despiertan preocupación. Comprender sus causas y decidir cómo intervenir exige una evaluación especializada; protegerlo también requiere cuidado por parte de quienes lo visitan y resguardan.

Detrás de sus arcos, relieves y habitaciones hay una parte de la historia de Cañete. El asombro que provoca su arquitectura debería acompañarse de una responsabilidad: conservarla para que sus muros sigan teniendo algo que contarnos.

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