Hay cosas de Carash que una búsqueda desde tu ordenador no alcanza a contar: el sonido de los palillos, una conversación junto al biohuerto o el sabor de unas rosquillas al terminar la jornada.
San Pedro de Carash, en el distrito de San Marcos, provincia de Huari, Áncash, nos recibe con esas cosas sencillas, pero importantes, que descubrimos al recorrer este pueblo tejedor.
Carash, entre calles y tejidos
Pequeñas casas vestidas de blanco y balcones se acomodan alrededor de una plaza que nos da la bienvenida entre la luz del sol y la capilla del lugar.
Mujeres y niños amenizan las calles entre el sonido de los palillos que se entrelazan con largos hilos de lana de oveja, dando forma a prendas de vestir. La actividad textil acompaña la vida del pueblo y, según lo que conocemos durante la visita, se aprende desde pequeños.
Los productos de esta labor pueden apreciarse en la Galería Artesanal Carash, uno de los lugares mencionados en nuestro recorrido.
El biohuerto de don Pilardo
Otra de las experiencias que encontramos en Carash es la agricultura en biohuertos, una expresión de la conexión entre las personas y la naturaleza. Quien nos acerca a esta relación es el señor Pilardo Amado, el de las manos nobles y las ideas vastas.
Pilardo nos invita a conocer su casa, que se integra con un biohuerto de diversos cultivos. Cuidado por sus manos, este espacio sostiene parte de la economía de su hogar y resulta sumamente agradable para pasar el día.
Durante la visita conocemos su labor como agricultor y panadero. Compartir sus experiencias nos permite acercarnos a las actividades que dan forma a su vida cotidiana.
Una caminata hacia la cueva de Mashu
Agudizando la mirada, vemos un camino que sigue el curso del río de forma paralela. Don Pilardo nos cuenta que conduce hacia Antamina, el complejo minero polimetálico. Nos acompaña a aventurarnos y nos muestra lo que hay después.
Nos dirigimos a la cueva de Mashu. En el trayecto, Pilardo comparte sus conocimientos sobre las plantas que encontramos, las propiedades que les atribuye y algunos de sus usos.
Nos cuenta que encontró la cueva mientras iba de cacería. Se atrevió a indagar por otros parajes y quedó maravillado.
Es una cueva pequeña, pero profunda, donde se cobijan murciélagos. Durante nuestra visita permanecen apartados de quienes los observamos. Nos aventuramos a entrar y nos recomiendan ser pacientes y sigilosos.
Muña y rosquillas para despedir el día
Luego de una larga caminata, el día nos despide con un anochecer lento y estrellado. Don Pilardo nos invita a hospedarnos en su casa. La oferta es tentadora.
Un mate de muña para acompañar el frío y unas cuantas rosquillas de su panadería, hechas por la mañana, son suficientes para terminar una gran jornada.
Todo esto nos muestra que Carash debe estar dentro de nuestra ruta. Y que ir solo una vez no basta.