Internet nos acerca a nuevos conocimientos, pero aprender mientras recorremos un lugar tiene algo especial. Esta vez, las islas Palomino toman protagonismo en un viaje por el mar del Callao, entre historias y encuentros con la fauna.
Desde Plaza Grau hacia las islas Palomino
Partimos desde el muelle de Plaza Grau. El calor tenue y la brisa del mar nos acompañan para iniciar un viaje hacia el pasado. Nos acomodamos los chalecos salvavidas y subimos a la embarcación donde, junto con otros grupos, comenzaremos la aventura.
Apenas avanzamos, el guía acompaña el recorrido con historias. Es así como nos habla de El Camotal, uno de los lugares que despiertan nuestra curiosidad durante la navegación.
El Camotal y las historias bajo el mar
El relato nos lleva al 28 de octubre de 1746. Aquella noche, aproximadamente a las 22:30, un terremoto sacudió Lima y el Callao. Después, un tsunami devastó el puerto.
Durante el recorrido escuchamos una historia que vincula El Camotal con terrenos de cultivo de camotes y con aquel desastre. También aparece una denominación que alimenta la imaginación: la “Atlántida peruana”.
La imagen de una ciudad escondida bajo el mar resulta fascinante. Sin embargo, esa denominación turística no demuestra por sí sola la existencia de una ciudad sumergida. Aquí, los relatos del recorrido y la historia documentada necesitan distinguirse.
Lobos marinos y recuerdos del recorrido
Siguiendo el recorrido hacia las islas Palomino, una numerosa colonia de lobos marinos nos da la bienvenida entre las aves marinas. Todo un jolgorio del que no dejo de sorprenderme.
Los animales, las rocas y el movimiento del mar toman protagonismo. Los islotes Palomino forman parte de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, un espacio de conservación de la fauna marina.
Durante la navegación también se deja ver El Frontón, entre ruinas y olas que rompen contra la isla. El lugar es recordado por el penal que funcionó allí, otra historia que acompaña este viaje por el Callao.
Hasta ahora, todo ha sido fascinante, pero hay algo que me gustaría hacer cuando vuelva: entrar al agua para observar a los lobos marinos, acompañado por un operador autorizado y siguiendo las indicaciones para respetar a los animales.
Por cierto, durante nuestro recorrido las aguas se sentían frías, pese al calor. Qué más puedo decir: anímate a ser parte del Callao, a ser parte del mar.