Piscigranjas cusqueñas: una visita a Kimbiri y Pichari

Las piscigranjas de Kimbiri y Pichari, en la provincia de La Convención, Cusco, permiten acercarse a la crianza de peces y a la producción de alevinos. Durante mi visita a esta zona del VRAEM, conocer ambas instalaciones formaba parte del itinerario.

En Pichari, la actividad acuícola tiene entre sus objetivos contribuir a la seguridad alimentaria de la población. Ese propósito permite comprender su función productiva, aunque no demuestra por sí mismo un impacto sobre la desnutrición.

Una visita a las piscigranjas del VRAEM

Mi viaje desde Lima tomó unas 12 horas: ocho hasta la ciudad de Ayacucho y otras cuatro hacia Kimbiri y Pichari. Estos tiempos corresponden al trayecto que realicé.

Al llegar, tenía un itinerario establecido que incluía las piscigranjas municipales. El recorrido me permitió conocer su actividad y observar el trabajo de los piscicultores.

Peces y producción de alevinos

Como centros de producción de alevinos —peces jóvenes que continuarán su desarrollo—, estas instalaciones cumplen una función dentro de la actividad piscícola de la zona.

Entre los peces mencionados durante el recorrido estuvieron el paiche, el paco, la doncella, la gamitana, el boquichico y la chupadora. La crianza en estanques permite observar parte del trabajo necesario para su desarrollo.

El reportaje recoge la venta de alevinos a productores de distritos vecinos y su entrega gratuita a comunidades nativas. Para comprender el alcance de esta distribución, es necesario precisar el periodo y las condiciones correspondientes a cada piscigranja.

El paco también aparece en la cocina local. Se puede preparar en chilcano o frito, acompañado de yuca, tomate y cebolla: otra forma de acercarnos a los peces que conocimos durante la visita.

Por su parte, el paiche fue uno de los encuentros que más llamó nuestra atención. Con esfuerzo, los piscicultores lograron mostrarnos esta especie y acercarnos al trabajo que realizan con ella.

El recorrido y su dimensión educativa

Además de su función productiva, ambas piscigranjas contaban durante la visita con carteles educativos e informativos.

Recorrerlas fue una oportunidad para conocer los peces y observar la labor de quienes los crían. Esa dimensión educativa, especialmente valiosa para los niños, acompaña la experiencia de visitar estos espacios del VRAEM cusqueño.

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