
En Végueta, provincia de Huaura, región Lima, se encuentra el sitio arqueológico de Vichama, una antigua ciudad agropesquera. Sus construcciones y relieves nos acercan a una sociedad que dejó en sus muros imágenes interpretadas por los investigadores como memoria de la escasez, la hambruna y la llegada del agua.
Algunos de estos relieves tienen una antigüedad aproximada de 3800 años. Observarlos es acercarse a las preguntas sobre cómo sus habitantes enfrentaron las dificultades ambientales y mantuvieron sus medios de subsistencia.
Vichama, ciudad agropesquera de Végueta
Durante el recorrido encontramos construcciones escalonadas, fachadas decoradas y espacios que muestran la importancia de la arquitectura ceremonial. Las plazas circulares y las hornacinas forman parte de los elementos que llaman nuestra atención.
El arqueólogo Pedro Vargas nos explica la iconografía encontrada en uno de los edificios. A través de sus palabras, las figuras dejan de ser únicamente formas sobre una pared y se convierten en una oportunidad para comprender las interpretaciones sobre la historia de Vichama.
La agricultura y la pesca formaron parte de la vida de esta sociedad. El acceso a los campos de cultivo y a los recursos del mar es fundamental para entenderla.
Figuras humanas y memoria de la escasez
Pedro Vargas explica que la agricultura era importante para la alimentación y que las dificultades ambientales afectaron a la población. Relaciona las escenas con una crisis asociada al fenómeno de El Niño, una interpretación también recogida en una publicación del Ministerio de Cultura.
En los relieves aparecen figuras humanas de anatomía delgada, con rasgos que hacen visibles las costillas. Algunas han sido interpretadas como representaciones de niños afectados por la falta de alimento.
Junto a ellas encontramos personajes con otras posturas: brazos extendidos hacia el cielo y cuerpos que parecen participar en una danza. Sus movimientos dan ritmo a la escena y acompañan la explicación del arqueólogo sobre las prácticas rituales.
Los investigadores han vinculado estos conjuntos con la memoria de periodos de escasez y hambruna. Esa lectura permite acercarnos a su significado, aunque no convierte cada figura en una descripción literal de un acontecimiento.
La pesca y los recursos del mar
La pesca ocupa un lugar importante en el relato sobre la subsistencia de Vichama. Los restos de peces encontrados, entre ellos anchovetas, aportan información sobre el aprovechamiento de los recursos marinos.
Más que presentar la pesca como una actividad que apareció después de la crisis, conviene comprender su papel dentro de una economía que también dependía de la agricultura.
Durante la explicación observamos figuras humanas con elementos sobre el pecho que se interpretan como redes, así como peces que adornan un acceso. Estas imágenes acompañan la lectura del conjunto y su relación con el mar.
El recorrido también nos recuerda que los edificios fueron remodelados y que algunos espacios quedaron cubiertos por construcciones posteriores. Las distintas etapas requieren una lectura arqueológica para comprender cómo cambió el lugar.
El sapo humanizado y la llegada del agua
En otro momento del recorrido encontramos una de las imágenes más llamativas: un sapo humanizado.
Pareciese que el anfibio estuviera emergiendo de las profundidades, de la parte húmeda de la tierra, con las extremidades apoyadas sobre la superficie y una sonrisa de par en par anunciando la buena nueva.
La imagen nos invita a mirar el vínculo entre el agua y la continuidad de la vida. Las interpretaciones arqueológicas relacionan las representaciones de sapos con la humedad, las lluvias y la fertilidad, elementos importantes para la agricultura.
El Ministerio de Cultura documenta distintos relieves asociados con la llegada del agua. Su simbolismo acompaña la memoria de las dificultades, sin constituir por sí solo una prueba de cómo se superó la crisis.
Los vínculos con otras regiones
Otra explicación que despierta nuestra curiosidad es la relación de Vichama con pueblos de otras regiones. Durante el recorrido se mencionan mantos de plumas, entierros de papagayos y representaciones de monos como indicios para explorar sus vínculos con la Amazonía.
Estos elementos abren preguntas sobre la procedencia de los materiales y las redes de intercambio. Identificar su origen y su contexto permite comprender mejor esas relaciones; su presencia no demuestra por sí sola que existiera una ruta directa hacia la Selva Baja.
Un sitio como Vichama no puede pasar desapercibido. Sus construcciones y relieves nos invitan a conocer cómo las antiguas sociedades representaron sus dificultades, sus creencias y su relación con el entorno.
Visitarlo, comprenderlo y compartir su importancia también ayuda a valorar la memoria que permanece en sus muros.