El VRAEM ha sido escenario de sucesos lamentables que marcaron al Perú. En mi opinión, la cobertura de varios medios de comunicación ha contribuido a reducir su imagen al narcotráfico y la violencia. En esta oportunidad les cuento una pequeña expedición que realicé a una de sus cataratas: la catarata de Tsyapo.
De Puerto Chata a Cutivireni por el río Ene
Satipo, en la Selva Central, es un destino que todavía tiene mucho por descubrir. Nuestra expedición comenzó en Puerto Chata, donde abordamos una embarcación fluvial. Durante el viaje navegamos por el río Ene hasta llegar a la comunidad nativa Cutivireni. Allí conversamos con su jefe para poder continuar el recorrido hacia Tsyapo, en el distrito de Río Tambo, provincia de Satipo, región Junín.
En el camino observamos quema de vegetación. Más allá de las zonas quemadas, preocupaba que el fuego pudiera extenderse y afectar también el espacio donde vive la fauna del lugar.
La corriente y las rocas de la quebrada de Tsyapo
Varios de los que formamos parte de esta pequeña expedición no estábamos preparados para cruzar el ancho río Cutivireni. Aunque nuestra primera preocupación fue el equipo fotográfico, nos aventuramos a atravesarlo.
Los zapatos de trekking se hundían en la arena húmeda. Cada paso se hacía pesado y luchar contra la corriente nos agotó bastante. Sin embargo, no imaginábamos lo que vendría.
Nos abrimos paso hacia la quebrada de Tsyapo, que sería todo un desafío. El nivel del agua variaba por tramos: algunas veces nos llegaba a la cintura y otras, al pecho. Eran pocas las rocas que sobresalían, y treparlas para continuar se convirtió en otro reto. Muchas estaban resbaladizas y varios de nosotros sufrimos duras caídas.
Frente a la catarata de Tsyapo
Luego de una hora y media metidos prácticamente con el cuerpo entero en el agua, llegamos a una pequeña caída que nos daría paso a la grandiosa catarata de Tsyapo.
Según la evaluación del potencial turístico de Satipo del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, la catarata tiene 58 metros de alto y 72 metros de ancho. Frente a nosotros, era una cortina de agua única e inimaginable, con pequeñas pozas donde se podía nadar y descansar.
El regreso cuando nos alcanzó la noche
Exhaustos y con hambre, comenzamos el retorno por el mismo tramo por el que habíamos llegado. A mitad del camino nos dimos cuenta de que nos ganaría la noche.
Nunca imaginamos escuchar tantos animales a nuestro alrededor. No sabía distinguir entre la emoción y el miedo que sentía en ese momento. Estábamos en medio de la selva y no podíamos ver absolutamente nada.
Felizmente, pudimos llegar a la comunidad nativa Cutivireni. Allí nos sentamos a descansar y conversar sobre lo vivido, acompañados de una rica cerveza.
Después de esta pequeña expedición, me quedó la impresión de que la imagen del VRAEM difundida por varios medios puede contribuir a que lugares como Tsyapo permanezcan poco conocidos. Para mí, este territorio también guarda historias y paisajes que merecen ser contados. La experiencia de llegar a aquella cortina de agua fue una de ellas.