Hermoso e inimaginable: el lago Valencia

Partimos con el cielo nublado y una ligera llovizna. Luego de unas horas navegando por el río Madre de Dios, entramos en un antiguo brazo del río y encontramos el lago Valencia.

Por el río Madre de Dios hacia el lago Valencia

En el distrito de Las Piedras, provincia de Tambopata, en Madre de Dios, este lago nos muestra lo hermosa y rica que es nuestra selva peruana. Un recorrido de aproximadamente 60 kilómetros por el río Madre de Dios, desde Puerto Maldonado, nos abre camino a este lugar.

Entre árboles, fauna y espejos de agua

Desde el bote, el viajero puede observar árboles maderables como el cedro, la lupuna, la quinilla y el pumaquiro, además de castaños. La vegetación acompaña nuestro recorrido y nos acerca a la abundancia de vida que rodea el lago.

Con 15 kilómetros de largo y un ancho máximo de 800 metros, el lago Valencia alberga patos, lagartos, monos y tortugas. Aunque el cielo no estaba en todo su apogeo, sus aguas nos mostraban un maravilloso espectáculo de reflejos. Aguas azules, aguas misteriosas, aguas que invitaban a seguir explorando.

Con una profundidad de hasta 15 metros, el lago esconde una variedad de peces como la anguila, el boquichico, la corvina, la chambira, el dorado, la doncella, la palometa y las pirañas. Temida por muchos, la piraña también forma parte de la vida de estas aguas.

El atardecer y la vida alrededor del lago

Grandes árboles nos muestran la abundancia de vida en el lago Valencia. Navegando entre los espejos de agua, encontramos una pequeña isla en la cabecera del lago y observamos monos durante el recorrido.

Ya al atardecer, apreciamos cómo las aves se dirigen hacia una isla para pasar la noche. Allí las avistamos reuniéndose entre los árboles. Camino a ella, conviene guardar silencio y tomar fotografías sin flash.

No somos los primeros en explorar este lago. A sus orillas viven familias dedicadas a la pesca, la recolección de castañas y el ecoturismo. Su presencia también forma parte de la historia del lugar.

Una cosa es verlo en fotos o escuchar lo que te cuentan tus amigos; otra es estar allí. Poder contemplar este lago es una de las experiencias más gratas del viaje. Anímate a conocerlo y a descubrir, entre sus aguas y sus árboles, aquello que tanto nos sorprendió y maravilló.

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